aprovechamiento de cultivos

Cómo convertir los restos de fruta en energía

La adaptación a los nuevos tiempos propicia un aprovechamiento mayor de los recursos generados a nuestro alrededor. Una concienciación por la utilización de elementos orgánicos que permitan poder hacer una gestión mucha más sostenible y eficaz, sobre todo, en todo lo relacionado con la generación de energía. Una apuesta por lo natural y el aprovechamiento que actualmente tiene un foco de interés en los restos de frutas y residuos agrícolas como fuentes de biomasa para crear energía.

Las frutas y restos de huesos son una importante fuente de biomasa que aún está por explotar a su máximo nivel. Y es que no solo hay que tomar en consideración los pellets y restos forestales. La biomasa también la componen restos orgánicos procedentes del cultivo de frutas que no se consideran ‘aptas’ para vender, o simplemente restos de las frutas como los huesos o cáscaras que acabarán en cualquier contenedor.

Evolución hacia la economía verde

¿Cómo dar salida a una producción agrícola? Un aprovechamiento eficiente de un campo de cultivo no solo consiste en producir lo máximo posible, sino en gran medida todo el peso recae en poder dar salida a ese producto, tanto por vías comerciales, como usando la fruta y los restos de cáscaras y huesos como combustibles para estufas o calderas de biomasa.

Se trata de un aprovechamiento íntegro de la producción para dar salida a toda la explotación agrícola, ya sea para producir compost o como fuente principal como biomasa para calderas o estufas. Una iniciativa que cada vez tiene mayor calado, tanto en el ámbito agrícola, así como en el consumidor final que opta por estas alternativas sustitutivas y ecológicas.

Un proceso natural

Es una fuente de rentabilidad alternativa que solo consiste en dar salida a los huesos y cáscaras de la fruta, sino también poder aprovechar la fruta de destrío. Los estrictos sistemas de control de calidad obligan a comercializar la fruta en el mejor estado, por lo que poder rentabilizar el resto de la explotación es un gran alivio para cooperativas y productores. Estas prácticas son cada vez más habituales y permiten aprovechar por completo los recursos generados en los entornos. Del mismo modo, se trata de un proceso natural que no emite CO2, cómo si producen los combustibles fósiles.

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